Vivir con más de un perro puede ser una fantástica experiencia… o un auténtico suplicio.

Los que viven con dos o más perros saben que la dinámica cambia por completo: lo que funciona con uno puede no funcionar con el otro, y cuando están juntos, su comportamiento cambia por completo.

Pero ¿por qué?, vamos a darle una vuelta. Si alguna vez te has planteado hacer un curso de educación canina, este es uno de los temas más interesantes que aprenderás: cómo gestionar la convivencia y el equilibrio emocional entre varios perros.

Tengo más de un perro

1. ¿Una familia? No, una manada

La estructura social en la que se basan los perros es la jerarquía, y cuando los perros viven con nosotros, todos ocupamos un rol dentro de esa jerarquía.
Tantos perros como humanos, como otros animales si los hubiera, formamos parte de esa manada.

De forma natural, se establecen roles y alianzas que nada tienen que ver con el concepto de familia, sino con el de manada.
Cada perro ocupa un rol, aunque nosotros no seamos conscientes de ello en la mayor parte de ocasiones.

Esto no implica agresividad, pero sí organización: quién cede espacio, quién inicia el juego, quién toma decisiones, quién calma…

Para lograr una buena convivencia con un perro lo primero que tenemos que hacer es comprender esta jerarquía.

2. Interacciones que se realimentan

Cuando convivimos con perros, estos se influyen entre ellos constantemente. Tanto la inseguridad como la calma, tanto la sobreexcitación como el equilibrio.
Vemos ejemplos cuando un perro ladra, ya que seguido suele ladrar el otro, o cuando uno se relaja, habitualmente lo suele hacer también el otro.

Depende cómo lo gestionemos, esta realimentación puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra.
Si permitimos la frustración, la excitación o el juego constante descontrolado, conseguiremos un ambiente caótico.
Si por el contrario, educamos bajo el equilibrio, el control y la calma, tendremos un hogar sosegado.

Por tanto, dependerá de nosotros como líderes modelar el ambiente que deseamos para nuestro hogar y para nuestros perros.

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3. Roles y liderazgo

Aunque no todos los perros aspiran a ser líderes, sí que necesitan saber cuál es su lugar en la manada. Y en todas las manadas hay roles.

Podemos encontrarnos con perros más protectores, más sumisos, más retadores, más juguetones o más seguros. Sea cual sea la condición, debemos observar, gestionar con inteligencia y definir esos roles.

El humano debe ser el referente que da coherencia y dirección al grupo, debe ser al que el perro atiende y pregunta antes de tomar decisiones. Un líder humano guía, organiza y calma.

Cuando estos roles quedan claros, los conflictos jerárquicos disminuyen, incluso desaparecen en la mayoría de ocasiones.

4. Juego, caos y locura

Ver jugar a tus perros es algo bonito, pero si no se gestiona y controla, se puede convertir en un auténtico problema. Sube la adrenalina, se multiplica la excitación y la energía del grupo se dispara.

Carreras, gruñidos, persecuciones, saltos, mordiscos controlados… todo es una coreografía donde se establecen vínculos, y también roles.

Sin embargo, la diversión puede pasar a caos en menos de un segundo y establecerse para siempre en el hogar si no hay control sobre el juego.

Al igual que lo hace su madre cuando son pequeños, debemos intervenir como líderes antes de que comience el descontrol y enseñarles a desconectar.

La calma también se enseña.

5. Trabajar con uno, trabajar con dos

Al igual que los niños, los perros muestran un comportamiento diferente en función de con quién estén en ese momento.

Cuando trabajamos solo con un perro, su atención y concentración la puede proyectar en ti obteniendo una mejor respuesta. Cuando trabajamos con el otro perro, exactamente lo mismo, aunque cada uno tenga su carácter, su personalidad, su motivación o simplemente su propio ritmo.

Sin embargo, cuando trabajamos con ambos a la vez aparecen distracciones mutuas, conflictos por la atención o recursos, imitaciones, competencia, etc.

Es algo normal: existe un trabajo colectivo y, por tanto, un comportamiento colectivo. En ese escenario, nos estamos relacionando con el grupo en su conjunto.

Por eso es de vital importancia trabajar por individual con cada uno de los perros, sean el número de perros que sean. Solo de esta manera, tendremos vínculos individuales a los que podremos aludir cuando nos encontremos trabajando en manada.

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6. Individuo + individuo = equilibrio

Si queremos tener una manada equilibrada, es crucial trabajar con cada perro de forma individual.
Al igual que nosotros, cada perro tiene su propio ritmo de evolución y necesita su tiempo y su espacio.

Si queremos ser capaces de identificar y reconocer a cada individuo, sus debilidades y fortalezas, no podremos hacerlo cuando todos sus sentidos están enfocados en otro perro. Necesitaremos relacionarnos con cada uno de manera individual.

En ese trabajo individual también favorecemos que el perro tenga mayor capacidad de concentración y mejore su autoconfianza. Estos son parámetros clave para cooperar en vez de competir cuando se encuentren en grupo.

7. Convivir en manada

Si ya hemos logrado un trabajo individual con cada uno, estamos preparados para trabajar en conjunto.

Cuando trabajamos en manada, no buscamos la perfección: buscamos unas conductas grupales y una coordinación emocional. Buscamos que cada perro espere su turno, que respete a los demás, que siga tus indicaciones incluso en presencia de los otros perros, etc.

Aquí es determinante que tú como guía seas ese centro de equilibrio: si te sientes inseguro tu manada se sentirá insegura; si transmites calma, recibirán calma y se calmarán. Cualquier emoción que expreses será absorbida instantáneamente por la manada.

La armonía del grupo es la suma de los comportamientos y educación individuales, dirigidos por tu capacidad y coherencia como guía.

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8. El papel del humano

Cuando tenemos varios perros en casa, el 95% del equilibrio del grupo depende del humano. Las rutinas, la coherencia, la energía y la forma de comunicar marcarán firmemente la dinámica de la manada.

Los perros necesitan un líder, un guía justo, constante y claro. Un líder que ofrezca seguridad, que ponga orden, que sea tranquilo a la vez que firme, sin necesidad de ser una autoridad rígida por imposición o intimidación.

Los perros te seguirán con confianza, solo cuando tú sepas hacia dónde vas.

Resumen

Convivir con varios perros es multiplicar la responsabilidad, la complejidad, la dedicación y el amor.

Tú debes liderar un sistema social compuesto de individuos. Cada individuo debe saber lo que se espera de él mediante un trabajo previo contigo individualizado.

Aspectos como marcar límites, establecer protocolos claros o mantener la calma son cruciales para una convivencia digna.

El equilibrio y la felicidad de una manada reside en una jerarquía bien establecida, en el afecto, en la educación, en el respeto y en la energía individual y grupal.

Si quieres aprender a gestionar correctamente este tipo de convivencia y fortalecer el vínculo con cada uno de tus perros, un curso de educación canina puede darte las herramientas necesarias para conseguirlo.

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