Iskar

Me reconforta haber gozado de tu compañía, fue inolvidable vivir contigo

Dueño: Sonia

Raza: Pastor Alemán

Sexo: Macho

Fecha de nacimiento: 15/08/1998

Fecha de fallecimiento: 29/06/2008

Recordatorio:

Hola Amigo,
Como estás?, ha pasado algún tiempo desde la última vez que nos vimos y desde entonces sigo aquí, triste, sola, vacía sin tí.

Llevo días intentando escribir esta carta; me cuesta encontrar las palabras, la presión del pecho, ese nudo en la garganta y un par de lágrimas dicen a gritos lo que siento cuando pienso en ti; y es que extraño tu alboroto, tus ojos vigilando cada uno de mis movimientos, tu mirada de yo no he roto un plato, tu lealtad, tu presencia, tu amistad, tantas cosas durante tanto tiempo.

Como añoro decirte ¡Bravo mi chico! ¡Bravo pequeño!. Decirte que hoy te echo de menos, no se si menos que ayer o más que mañana, solo sé que te echo de menos.

¿Recuerdas?, ¿recuerdas nuestros comienzos?, fueron difíciles pero intensos. Cuántos montes hemos subido y cuántos caminos juntos hemos recorrido. ¿Recuerdas los días en el agua?, en vez de un perro parecías una nutria mojada. Y las tardes en Gatika, en tu escuela y en la mía; nuestros jaleos con otros perros, más jaleos tuyos que míos; tus carreras desenfrenadas buscando esa pelotita mordisqueada y aquellas noches de tormenta o los ruidosos cohetes de alguna fiesta; tu cabeza sobre mi cama o apoyada en mi pierna, hablándome sin decirme una sola palabra, ¡Cuántas cosas nos dijimos con una sola mirada!.

Han pasado muchas lunas desde que no nos vemos, sin embargo, aún tengo la sensación de que al llegar a casa tu estarás en la puerta atento porque has reconocido el sonido de mi coche, esperando contento como cada tarde una caricia a mi llegada. Por todo esto y tantas cosas que vivimos juntos es que te echo de menos.

Ojalá estuvieras aquí! ¡Ojalá todo fuera como antes! Y es que extraño tu consuelo en mis días grises, aquellos en los que con dulzura lamías mis mejillas diciéndome: tranquila amiga, no pasa nada.
Tu presencia siempre joven distrayéndome de tantas preocupaciones, y es que nunca creciste, siempre fuiste un cachorro, mi cachorro de orejita agachada.

Perdona si alguna vez fui egoísta, si te hice daño, si sufriste más de lo necesario; perdona si no lo hice del todo bien, de corazón no fue mi intención.
Perdona si busco en otros perros una mirada tuya, tu tacto o algún gesto de esos que solo tu sabías hacer. Perdona si te echo de menos, perdóname.
Me reconforta haber gozado de tu compañía, fue inolvidable vivir contigo, por ello te guardo entre mis recuerdos como el más preciado tesoro que algún día tuve.

Quizás algún día volvamos a vernos, quizás algún día miremos juntos el mar desde aquella lejana estrella, hasta entonces seguiré echándote de menos.

Siempre mío, siempre tuya.

Sonia Sarmentero.